MISTERIOS DOLOROSOS Y

PRIMERA LEGISLATURA

Desde su fundación, la Cofradía de la Caridad contempló la veneración pública a los cinco Misterios Dolorosos del Santo Rosario. Prueba de ello, exceptuando lo dictado en el primer título de las Constituciones, fue la designación automática de un Mayordomo-Celador para una futura hermandad de “La Oración en el Huerto” cuando se constituyó la primera Junta de Gobierno en la noche del 1 de julio de 1993. Por otro lado, Rafael Roses Rivadavia dejó firmados una serie de bocetos para los siete “pasos” que, cuando la economía lo permitiese, conformarían la emergente procesión de Sábado de Pasión: los cinco Misterios junto a San Juan y “La Dolorosa”.

En 1995, irrumpen diversas propuestas para asumir dichos proyectos, pero ninguna llegaría a cuajar. Finalmente, en 1996 se vislumbró un halo esperanzador con la hermandad y trono de La Oración en el Huerto, cuyas imágenes fueron ejecutadas por el joven escultor Arturo Serra Gómez (recién licenciado en Bellas Artes), y la tarima en estilo neobarroco murciano por los hermanos Noguera Pastor de Espinardo. El 2 de marzo, el vicario Antonio Martínez Muñoz bendijo el “paso” en un templo de Santa Catalina abarrotado de nazarenos corintos, así como de otras cofradías y fieles en general; estrenándose veintiocho días después.

Un año más tarde, se incorporó el trono de La Coronación de Espinas, cuyas efigies fueron encargadas a Manuel Ardil Pagán, prestigioso artista cartagenero reconocido por su extensa producción de carácter civil pero no muy diestro en su faceta imaginera, después de barajar opciones como Gregorio Fernández-Henarejos o el valenciano Fernando Nácher Celaya, e incluso recibir un ofrecimiento de la escultora y autodidacta Josefina Noguera. En relación al trono propiamente dicho, sería realizado por José Lorente Sánchez entre la primavera de 1996 y principios de febrero de 1997. El día 22 del referido mes, al finalizar el Quinario en honor al Santísimo Cristo de la Caridad, el “paso” fue bendecido; saliendo por vez primera el 22 de marzo con las efigies de Jesús y el sayón de la corona, incorporándose el de la caña para la siguiente procesión.

Seguidamente, se sumaron la hermandad y “paso” de La Flagelación en 1998. Las imágenes se confiaron nuevamente a Ardil Pagán, mientras que la ejecución de su trono recayó en el taller de los hermanos Noguera Pastor. Bendecido el sábado 7 de marzo, sería estrenado el Sábado de Pasión, 4 de abril, pero únicamente con las efigies de Cristo y uno de los sayones; completándose el conjunto al año siguiente con otro esbirro.

Finalmente, el ansiado proyecto de los Misterios Dolorosos se culminaría en tiempo récord con el “paso” de Nuestro Señor Jesucristo Camino del Calvario, cuya imagen, de vestir, se encargaría a Manuel Ardil Pagán, y el trono a Juan Cascales Martínez. Bendecidos el sábado 27 de febrero de 1999, se estrenaron el Sábado de Pasión, 27 de marzo. Una jornada aciaga, que quedará grabada en la memoria colectiva de los nazarenos murcianos, por el inmenso chaparrón que tuvimos cuando toda la procesión completa se encontraba en las calles de la ciudad, capítulo que narramos a continuación expresamente:

Pasadas las 22:30, cuando la cabeza de procesión se encontraba a la altura de las conocidas como “Cuatro Esquinas” (intersección de las calles Platería, Trapería y San Cristóbal), hubo que suspender la procesión por un fuerte aguacero que el cielo descargó sobre la ciudad de Murcia, seguida de un viento huracanado que varios mayordomos veteranos recuerdan aun con asombro al presenciar un gran remolino en las inmediaciones de la S.I. Catedral. Nada más tomarse la difícil decisión, las hermandades y “pasos” emprendieron el retorno a Santa Catalina como medianamente pudieron: Promesas (hermandad que debutaba casualmente ese año) y Oración por Platería; Flagelación, Coronación de Espinas y Nazareno por Gran Vía; y el Cristo de la Caridad por la calle Jara Carrillo.

En conclusión, aparte de cumplir el precepto fundacional de los cinco Misterios Dolorosos, la primera legislatura corinta, con Martínez Jiménez como cabeza visible, vino a dar forma a las bases sobre las que se acordó crear esta cofradía. Así mismo, en el ámbito patrimonial, legó significativas aportaciones como la confección de los Pendones Mayor y Menor en los años 1999 y 2000 respectivamente, por el dúo formado por María Dolores Cano García y Remedios Cánovas Sánchez; los estandartes de las hermandades (tres de Maruja Sellés Royo y dos de las mencionadas bordadoras); la composición del himno al Santísimo Cristo de la Caridad por Rosario Fernández Vicente y Leonor Victoria Jareño en 1996; y la dedicación de marchas procesionales a los “pasos” del Titular y La Coronación de Espinas, compuestas por José Luis López García y Andrés Pérez Bernabé. Como curiosidad, la primera fue regalo del que fuese Cronista de Murcia y presidente de la Archicofradía de la Preciosísima Sangre, D. Carlos Valcárcel Mavor.

Texto: Miguel López Alcázar (Historiador del Arte y Cronista Oficial de la Cofradía de la Caridad)